miércoles, 24 de noviembre de 2010

Con mucho cariño para Gustave Flaubert



Gustave Flaubert, es la inspiración de Vargas Llosa y el mejor ensayo escrito por él. . Le dedica una sus publicaciones enteras denominada “La orgía perpetua” Es evidente, que muchos han escrito sobre esta gran novela. Sin embargo, nadie lo ha logrado con la cadencia con la que Mario Vargas Llosa nos regala en su prosa. El libro articula una reflexión central sobre el porqué de la escritura de ficciones y el origen de la vocación literaria en las “decepciones radicales de la vida, experiencias que, al enemistarlo con la realidad, le despertaron esa vocación de crear realidades imaginarias” El aprecio a ella radica en que es la fundadora de la novela moderna.

Mario Vargas Llosa un nobel con poder


Si hay algo que es una realidad en el mundo es que muy pocos pueden jactarse de tener una carrera en la literatura que haya durado y en ningún momento se haya frustrado o cambiado por cualquier otro motivo. Hace algunos años, según confesiones de Mario Vargas Llosa, prometió dejar la literatura por la presidencia de un país en crisis. Quizá pudo haber sido el mayor error de su carrera y de su vida.

Es evidente, que el destino le jugó a favor a Mario Vargas Llosa. Deseaba más un premio Nobel que la presidencia de un país, muchos lo pueden asegurar y hasta el mismo. La literatura y ser escritor era su mayor deseo; la política y ser presidente eran parte de su hobby.

Acabo de ver a Vargas Llosa entrar al Instituto Cervantes, acabo de verlo pasar con una cara que no es la de siempre, es decir la de los medios, la del hombre rígido que parece cansado de circular tantas veces por las mismas verdades. Algo se ha alivianado en el rostro del escritor. Veo paz, cierta liberación, como si de pronto se hubiera sacado de la espalda una mochila de treinta kilos y ahora se sorprendiera de la facilidad con la que mueve los hombros.

Es que a Vargas Llosa no le pesa el Nobel, nunca le pesará. Lo que le pesaba era no tenerlo, pasar años sin conseguirlo, jugar la ruleta absurda que nunca que llega a detonar. Le pesaba, sí, aunque él no dijera que le pesaba, aunque su respuesta a las sucesivas frustraciones fue siempre un puntual recogimiento de hombros, sin palabras. Vargas Llosa no es un hombre al que le guste quejarse. Pero no hace falta. Sus resentimientos, que los ha tenido, siempre se notaron a leguas. De frente y de perfil.

Pero hoy no había lugar para nada de eso. Su gesto era una aceptación tácita que era este el juguete que necesitaba para sosegarse. Hoy tenía humor, hoy era un hombre que se permitía la ironía, la ironía de la que sus grandiosas novelas carecen. “Recibí la noticia a las cinco y de la mañana. Me habló por teléfono un señor cuya voz no entendía muy bien. Pero cuando escuché “swedish academy”, me dije: ajá, aquí hay que parar la oreja”, contó y todo el público se rió con él. El público, por supuesto, era una ensalada total. Esto es Nueva York, el Cervantes está a solo tres cuadras de las Naciones Unidas y nunca faltan los que preguntan sobre el conflicto en Palestina, sobre el futuro de América Latina, sobre la esclavitud en China. Es decir, nunca faltan los que le hacen a Vargas Llosa preguntas del tipo “premio Nobel”. Conciencia del mundo. Reserva moral del planeta. Y eso que lleva menos de un día.

—¿La literatura no les interesa, no? —se queja Patricia, la esposa, en la primera fila y en voz baja.

Lanza de preguntas.
Pero en la conferencia también hay peruanos. Esos sí son peligrosos. A esos hay que tenerlos a raya. Como mi amigo Sandro Mairata, que se inmoló haciéndole la pregunta que nadie más se iba a atrever a hacer (pero que todos hubiesen querido). “¿Qué tiene que decir sobre García Márquez?” Durante la mañana, habían circulado rumores sobre supuestas palabras de García Marquez, su eterno rival literario. “Cuentas iguales”, habría dicho el colombiano en su Twitter (ya que estamos entre escritores, sería bueno hacer aquí una nota al pie sobre la inverosimilitud de la imagen de Gabo twitteando). ¿Qué tiene que decir sobre Gabo? Hubo un silencio en la sala. “No estamos aquí para hablar de eso. Pero debo decir que me enteré de sus palabras cariñosas y las agradezco”. Punto, siguiente pregunta. Hoy día, todos los fantasmas de Vargas Llosa están bajo control. Pero eso no quiere decir que haya que invitar a Gabo a la fiesta. Tampoco tampoco.

El otro día, en la radio, una especialista en hacer identikits para el FBI contaba cómo la memoria es antojadiza es sus fijaciones. “Es muy probable —le decía al entrevistador— que tú recuerdes muy bien dónde estabas cuando murió la princesa Diana de Gales con lujo de detalles, que incluso recuerdes cómo vestías”. Pues bien, creo que por muchos años recordaremos qué hacíamos este día, cómo nos enteramos, qué bebíamos, qué oíamos en las calles. Qué escenografía nos cobijaba. A mí, me tocó la puerta un amigo colombiano que vive en el piso de arriba, en mi casa de Brooklyn. Abrí. En una mano tenía el New Yorker, que tuvo la amabilidad de recoger para mí. Con la otra mano hizo un intento de abrazo: “Felicidades”. Ambos teníamos sayonaras y pijamas. Ambos estábamos despeinados y teníamos ojeras. Ambos habíamos pasado la noche escribiendo.

Mi primera reacción fue preguntarme por qué me felicitaba. ¿Era algo de lo cual felicitarse? Luego me dije a mí mismo en voz alta. “Tenemos un Nobel de literatura. ¡Un Nobel!”. Entendí que estaba viviendo algo parecido al entusiasmo. Mi amigo colombiano me dijo que en breve el escritor iba a estar en el Cervantes. Nos cambiamos rápido y salimos corriendo. Hacía sol en Nueva York, la línea verde estaba repleta. La sala del Cevantes, también. Vargas Llosa apareció liviano, en traje gris, y dijo: “Este no es solo un triunfo mío, es un triunfo de la lengua castellana y un reconocimiento de la importancia de la literatura Latinoamericana”.

Entonces empecé a entender por qué este día era también importante para mí, para todos los que tratamos de encontrar en la escritura una forma de resistencia. Porque ver a Vargas Llosa ahí sentado es entender también que la única lucha que importa es la que empieza con la primera página en blanco y termina con miles de tachaduras. Me vi adolescente sintiendo piedad por el periodista miope, fascinación por la Barbuda, terror por el perro que mochó a Pichulita Cuéllar, compasión por Varguitas, respeto por el Jaguar. Vi una cabina de radio y un chiquillo que embellecía noticias. Vi a la brasileña. Vi todo eso y recordé un viejo chiste: el del escritor latinoamericano que se despierta a las once de la mañana y se hace una pregunta culposa: ”Qué tarde. ¿Cuántas páginas habrá escrito ya Mario Vargas Llosa?”

La conferencia siguió con su inevitable dosis de política, pero en un punto llegamos al Perú. Porque siempre hay que hablar sobre el Perú, porque ya pasaron esas feas épocas en que el escritor no contestaba a ningún periodista peruano. “¿Qué tiene que decir sobre el Perú?”. Vargas Llosa, sonriente, sacó la capucha que mejor le queda, la de Flaubert.
—El Perú soy yo.

Este premio le ha traído más felicidades. La publicación de su último libro “El sueño del Celta” ha roto ventas en España y Colombia. En su país, Perú, la situación va igual; a medida que las entrevistas, reportajes y noticias sobre Vargas Llosa aparecen en los medios sus seguidores aumentan. Ironías de la vida, Fujimori aquel que prefirieron por los años 90 vive el peor de los castigos para el hombre y Vargas Llosa disfruta de un premio merecido. Los papeles se invirtieron.

Un viejo loco



Era el verano de 1987, Jauregui trabajaba en el Comercio y no había conseguido cubrir noticia alguna con la que pueda ser recordado hasta ese momento.
Mientras Eloy Jauregui leía su periódico de todos los días a la misma hora de siempre lo interrumpió su colega. ¡Hey! Eloy. El Larco herrera no solo está en huelga, los locos se están muriendo compadre. Esta noticia hizo que aquel periodista doble rápidamente su diario y pregunte indignado por más información. “Este es mi momento” se afirmó así mismo. En cuanto salió de las oficinas del diario fue en busca del ministro de Salud para conseguir autorización.

-Don Armando Montes, quiero hacer un reportaje en el Larco Herrera.
-Jajaja, ¿estas loco acaso? Ahí solo van médicos, no periodistas.Ubicate un poquito Eloy.
-¿Sabe usted que están muriendo algunos loquitos?
-Bah! Qué interesa, un loco menos es mejor para el país. Un niño más tendrá alimento.

El periodista, con la cara más seria que de costumbre, se retiro sin agradecerle ni la atención prestada al ministro. En casa, mientras descansa, se aferra al reportaje y decide hacerlo sí o sí. Se levanta de su ruidosa cama y va donde su esposa.

-Mujer, lo he decidido, mañana me voy al Larco Herrera. Prepárame mi peor ropa: la más sucia, arrugada y rota.
-Pero… amor la llevas puesta.

A la mañana siguiente, muy temprano, Eloy, cual persona enferma, toca las puertas del Larco Herrera buscando entrar como sea. Lo increpa un oficial, ya no existían ni médicos ni enfermeros. Todos estaban en la huelga.

-¿A qué vienes aca?
-Quiero internarme.
-¿Qué es lo que tienes?
-Quiero matar a mi padre…
-¿Qué te ha hecho?
-Nada, es aprista.

Entro en el territorio anhelado, se moviliza con cuidado y va en busca el pabellón 7 el de “los malditos” ahí un señor de edad media le pregunta:

-A ver joven, ¿Dónde le duele?
-Siento dolores que van del estómago a la cabeza.
-Aya ya veo… muy bien no necesito saber más. Tu diagnóstico: te quedas de por vida
-¿Por qué?
-Porque
-Porque los únicos que salen, primero, les duele la cabeza y después, el estómago.

No pasaron ni tres días y Eloy moría por ir a su casa. Fue en busca de un enfermero para contarle la verdad.

-Quiero irme ya a mi casa.
-No vas a salir de acá, ya te lo he dicho.
-Usted no entiende esto es una acción adrede que tomé para hacer una crónica. Soy profesor de la Universidad de Lima y periodista del Comercio. Acaso ¿no me reconoce?
-En lo más mínimo y váyase a su cuarto.

Seis días más tarde, El viejo Eloy mientras fuma y bebe planea escapar por sus propios medios. Esa noche no durmió más sobre esa cama de fierros torcidos. Eran las 5 am, todos dormidos menos los pocos amigos que Eloy pudo hacer. Lo ayudan a trepar una de las paredes del Manicomio. Da un brinco y de pronto ya estaba en la vereda. Corre por toda la avenida hasta ver que el micro que lo deja más próximo a su casa pasa por ahí. Sin embargo, mientras corría escuchaba a viva voz.

- Sálvanos, sálvanos Eloy, que Eloy es hoy.
- Sálvanos, sálvanos Eloy, que Eloy es hoy.

Testimonial de puro sentimiento



Las maneras de cómo aprendí a dominar un balón de fútbol se remonta a los 90’s. Los juguetes de niño no me parecía lo más divertido, pues resaltaba un brillo sobre mi primera pelota que difuminaba la existencia de los otros objetos plásticos infantiles, casi insignificantes para mí. Con mi camiseta, qué importa de qué equipo lo que prevalece es la pasión, salía por las tardes de verano del 94 a dar los primeros pasos en el fútbol; el arco mi portón y ¿el arquero? dependía de mi imaginación. Con los días conocí a los amigos peloteros que hasta el día de hoy conservo.
Pero, más que solo tener amigos fueron el complemento ideal para formar mi primer equipo de fútbol. Los primeros chimpunes, canilleras y camisetas. Todos los veranos, durante nueve años, era un campeonato nuevo. Recuerdo aquella invasión en el paseo del bosque en San Borja, siempre íbamos para allá a retarlos y jugábamos entre árboles y serenazgos que como todo mal árbitro terminaba el juego expulsándonos. Hasta el día de hoy tengo a los mismos amigos, muchos de ellos ya retirados del fútbol, pero yo sigo constante y la familia me apoya.
Si no fuera por mi familia ¿Qué sería de mí? No estudiaría en la universidad, ni siquiera hubiera ido al colegio, en fin hubiera dejado de hacer tantas cosas que hasta hoy he hecho. En fin, somos la llamada familia nuclear. Así es, mi padre nunca nos abandonó, ni se fue con otra mujer y ambos aún siguen vivos, a pesar de ser treintañieros mis hermanos, viven conmigo y mis padres. Creo que seré el primero en partir de casa y hacer mi propia vida.
“Navidad sin Jesús” es el recuerdo de la primera obra en la que actué, pues también es otra de mis habilidades el teatro. Nunca lo supe hasta que me lo dijeron. Quizá fue muy apresurado ser el papel principal, tuve vara tengo que admitirlo, pero tener que aprenderme textos enormes, prácticamente monólogos era un reto. No, ya no era un niño tenía 17 años y había nacido un nuevo gusto. Lamentablemente no pude perfeccionar esa habilidad, así que seguiré siendo actor de quinta.
Cachimbos el musical ha sido la última muestra de arte que he expresado en la Universidad de Lima. Satisfecho por lo logrado, más satisfecho me siento con esta alma mater. Me quita tiempo, me estresa muchos días y odio venir en las mañanas; sin embargo es justo y necesario, pues comunicación es lo que escogí y comunicador es como me graduaré. La especialidad lo tuve claro desde el primer día que pise la universidad: periodista quiero ser; sin embargo complementaré ese deseo con otra especialidad que aún no he decidido.
Hasta hoy no he trabajado de manera profesional, sin embargo, eso no me he impidió a conseguir otros tipos de empleos. Sabía que como empleador común no tenía muchos beneficios de ganancia, pero quedaba la experiencia a mi cuenta. Quería saber cómo se siente trabajar, más que ganar dinero. Creo ya estar listo para desempeñarme en labores de comunicación en alguna empresa. Por tanto, ya estoy en busca de prácticas- preprofesional.
Son tan pocas las anécdotas e historias que he hablado sobre mí, pero creo que resume perfectamente, hasta la actualidad, lo que he sido y soy. Sé que también habrá un futuro en el que alguien seré, pero ya llegará el momento para contárselos.

Manjares sobre cuatro ruedas.


Cuando paso por lugares como el centro de Lima, el parque de la bandera, no puedo sortear el aroma de los ricos anticuchos. Paso delante de la plancha mientras que la morocha remoja el anticucho y el humo me cubre por completo. Me detengo y no evito meter las manos al bolsillo y pedir una porción por favor. Lo mismo me sucede los días de verano o mucho sol, carretilla de cebiche que veo carretilla a la que voy a comer. Todos estos sabores y platos exclusivamente peruanos no pueden ser ignorados fácilmente. Más aún, cuando puedes acompañarlo con su buena chicha morado o naranjada de a sol con yapa.

Diversas son las combinaciones. Dos palitos solos con papa y ají; u palito y una porción de pancita; rachi y dos palitos o por qué no todo esto junto. Para mí y para los 11110 peruanos que votaron por los anticuchos estas son alguna de las razones de mi elección.

Sin embargo, otros platos como nuestro arroz chaufa, chicharrón, higado con yuca, tallarín con ceviche y chanfainita también están en la lista de los peruanos.

A partir del 4 de Setiembre iré y disfrutaré de Mistura, donde los mejores platillos del país estarán presentes. Te lo agradezco Gastón.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Casados, pero separados


Abimael Guzmán Reynoso y Elena Iparraguirre ambos ya cansados, arrugados, nerviosos pero enamorados se dan el sí después de 18 años de amor sin poder ser expresado. Sin embargo, tras asesinar y destruir matrimonios en los 80’s decidieron formar la suya. En 15 minutos de su vida cumplen la ilusión de casarse, a pesar de saber que no vivirán juntos hasta el último día de sus vidas.
Aquella mañana en la Base Naval del Callao los familiares más cercanos los acompañaron, junto a Autoridades Máximas de la Marina de Guerra del Perú, como testigos, y sobre todo el señor Rubén Rodríguez Rabanal, presidente del INPE, quien permitió el matrimonio y anunció la mala nueva al país.
Solo tuvieron tiempo para darse un beso, conversar con la visita y tomar una copa ¿Muchos los criticarán? Es un hecho y no debía faltar aquél que se opusiera y no fuese invitado, el Ministro de Defensa Rafael Rey Rey no se quedó callado y dijo: “a pesar de la ilusión de la pareja por formalizar su relación, Guzmán también debería pensar en la cantidad de corazones rotos que originó con sus matanzas y genocidio”.

Paga lo que debes Berenson


Mientras Lori Berenson atendía asuntos consulares en la embajada de Estados Unidos, según ella, y no pedía asilo político recibió la llamada del que es su esposo y abogado a la vez, quien le dijo: Lori… escúchame te está buscando la policía para llevarte a la sede de la policía judicial, han decidió encarcelarte de nuevo, lo mejor que puedes hacer es entregarte, no te niegues ni resistas que todo va a salir bien. La bebe no resistió y rompió en llanto, pues regresaban a la oscura celda del penal.
Berenson lucía bella en su época de emerretista, al ser capturada pocos comprendieron a la joven revolucionaria. Estuvo al mandó de asesinatos y tenía que pagar condena por ello. 20 años en los que 14 los vivió en la cárcel envejeciendose. La belleza casi despareció y quiere su libertad.
¿Pero por qué de regreso? Muchos pensarán que estaba a punto de fugarse y la detuvieron. Esa no es la verdad, pues hay quienes dicen, como el ex ministro de Justicia Pastor, que Berenson estaba pasando piola, que ni siquiera alcanzó las 3 cuartas partes de su condenada y ya estaba afuera. No, no hay manera de que a los 14 años de condena por terrorismo alguien pueda salir libre, menos si fue condenada a 20 años de prisión. Los jueces se equivocan. Paga lo que debes Berenson.