
Era el verano de 1987, Jauregui trabajaba en el Comercio y no había conseguido cubrir noticia alguna con la que pueda ser recordado hasta ese momento.
Mientras Eloy Jauregui leía su periódico de todos los días a la misma hora de siempre lo interrumpió su colega. ¡Hey! Eloy. El Larco herrera no solo está en huelga, los locos se están muriendo compadre. Esta noticia hizo que aquel periodista doble rápidamente su diario y pregunte indignado por más información. “Este es mi momento” se afirmó así mismo. En cuanto salió de las oficinas del diario fue en busca del ministro de Salud para conseguir autorización.
-Don Armando Montes, quiero hacer un reportaje en el Larco Herrera.
-Jajaja, ¿estas loco acaso? Ahí solo van médicos, no periodistas.Ubicate un poquito Eloy.
-¿Sabe usted que están muriendo algunos loquitos?
-Bah! Qué interesa, un loco menos es mejor para el país. Un niño más tendrá alimento.
El periodista, con la cara más seria que de costumbre, se retiro sin agradecerle ni la atención prestada al ministro. En casa, mientras descansa, se aferra al reportaje y decide hacerlo sí o sí. Se levanta de su ruidosa cama y va donde su esposa.
-Mujer, lo he decidido, mañana me voy al Larco Herrera. Prepárame mi peor ropa: la más sucia, arrugada y rota.
-Pero… amor la llevas puesta.
A la mañana siguiente, muy temprano, Eloy, cual persona enferma, toca las puertas del Larco Herrera buscando entrar como sea. Lo increpa un oficial, ya no existían ni médicos ni enfermeros. Todos estaban en la huelga.
-¿A qué vienes aca?
-Quiero internarme.
-¿Qué es lo que tienes?
-Quiero matar a mi padre…
-¿Qué te ha hecho?
-Nada, es aprista.
Entro en el territorio anhelado, se moviliza con cuidado y va en busca el pabellón 7 el de “los malditos” ahí un señor de edad media le pregunta:
-A ver joven, ¿Dónde le duele?
-Siento dolores que van del estómago a la cabeza.
-Aya ya veo… muy bien no necesito saber más. Tu diagnóstico: te quedas de por vida
-¿Por qué?
-Porque
-Porque los únicos que salen, primero, les duele la cabeza y después, el estómago.
No pasaron ni tres días y Eloy moría por ir a su casa. Fue en busca de un enfermero para contarle la verdad.
-Quiero irme ya a mi casa.
-No vas a salir de acá, ya te lo he dicho.
-Usted no entiende esto es una acción adrede que tomé para hacer una crónica. Soy profesor de la Universidad de Lima y periodista del Comercio. Acaso ¿no me reconoce?
-En lo más mínimo y váyase a su cuarto.
Seis días más tarde, El viejo Eloy mientras fuma y bebe planea escapar por sus propios medios. Esa noche no durmió más sobre esa cama de fierros torcidos. Eran las 5 am, todos dormidos menos los pocos amigos que Eloy pudo hacer. Lo ayudan a trepar una de las paredes del Manicomio. Da un brinco y de pronto ya estaba en la vereda. Corre por toda la avenida hasta ver que el micro que lo deja más próximo a su casa pasa por ahí. Sin embargo, mientras corría escuchaba a viva voz.
- Sálvanos, sálvanos Eloy, que Eloy es hoy.
- Sálvanos, sálvanos Eloy, que Eloy es hoy.
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