miércoles, 24 de noviembre de 2010

Un nuevo golpe


Mario Vargas Llosa, de lo más furioso, camina por su casa de París golpeando las paredes. Tenía ganas de desfogarse por las últimas semanas difíciles. Sin embargo, pensó que quizá en lugar de desquitarse era mejor desestresarse. No vaciló y llevó a su señora al cine. A la entrada, mientras caminaban a sus asientos, ambos conversaban sobre la película escogida. Cuando Mario se preparaba para sentarse escucha un caluroso saludo que lleva su nombre. ¡Mario!. Él levanta la mirada, la fija y olvida que está en el cine para ubicarse en un ring de box. García Marquez quien había pronunciado ese saludo espera a su amigo con los abrazos abiertos esperando un fuerte apretón de cuerpos. Sin embargo, lo primero que sintió fue un duro puñetazo en el ojo izquierdo y el calor de su sangre fluyendo por su cara.

García, a los dos días, va en busca de un retratista para dejar en claro lo salvaje e intratable que es Mario Vargas Llosa. Dio permiso para que se publicasen.

La instantánea fue tomada el 14 de febrero de 1976 en la casa del fotógrafo en la colonia Nápoles de México, dos días después de que García Márquez recibiera un puñetazo del escritor peruano, según el relato de Moya.
El fotógrafo recuerda que al verle preguntó a García Márquez qué había pasado y que este se mostró "evasivo" y "atribuyó la agresión a las diferencias (con Vargas Llosa), que ya eran insalvables en la medida que el autor peruano se sumaba a ritmo acelerado al pensamiento de derecha".

García Márquez le pidió que se quedase con las fotos y le enviara copias. "Las guardé 30 años, y ahora que él cumple 80, y son ya 40 de la primera edición de Cien años de soledad, considero correcta la publicación de este comentario sobre el terrorífico encuentro entre dos grandes escritores, uno de izquierda, y otro de contundentes derechazos", concluye Rodrigo Moya.

El diario mexicano La Jornada publicó el día del 80 cumpleaños de Gabo, dos fotografías del premio Nobel de Literatura con el ojo izquierdo amoratado. El fotógrafo, además, relata las circunstancias de la instantánea en un artículo titulado La terrífica historia de un ojo morado.

Treinta años después de ese episodio, la edición especial de Cien años de soledad, editada por Alfaguara y la RAE, verá la luz con un prólogo que escribió Vargas Llosa en 1971. Algunos interpretan que dicho prefacio supone una reconciliación entre ambos literatos.

Líos conyugales en el origen de la pelea

Las desavenencias entre Mario Vargas Llosa y su segunda esposa, su prima, Patricia Llosa, tuvieron la culpa del enfrentamiento. Según Rodrigo Moya, "mientras ambas parejas vivían en París, los García Márquez habían tratado de mediar en los disturbios conyugales" del autor peruano y su mujer "acogiendo" las confidencias de aquél. Cuando los Vargas Llosa se reconciliaron él supo que sus secretos se habían revelado y se sintió "gravemente ofendido".

Han pasado 34 años del incidente. Ninguno de los dos se dirige la palabra. Quizá Mario Vargas Llosa durante todo ese tiempo fue visto como un salvaje, envidioso y simplón. Sin embargo, ahora que ha obtenido el Nobel, García Márquez tendrá que cambiar su manera de pensar y superar este otro duro golpe recibido, indirectamente, por él .

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